Inteligencia Artificial y PyMEs

Por Luciano Jáuregui para Colossus Lab

Las pequeñas y medianas empresas (PyMEs) constituyen el núcleo del entramado productivo argentino y cumplen un rol central en la generación de empleo y en la cohesión social. En la actualidad, el país cuenta con aproximadamente 565.000 empresas empleadoras formales, con una fuerte concentración en el comercio y la industria manufacturera, sectores que en conjunto explican cerca del 25% de la fuerza laboral total (1).

Este peso estructural convive, sin embargo, con un problema persistente de bajo dinamismo empresarial. Según indicadores del Banco Mundial, la densidad de empresas en Argentina se mantiene estancada desde hace más de tres décadas en 11,9 empresas cada 1.000 habitantes, el mismo nivel registrado en 1996. A ello se suma una muy baja tasa de creación de nuevas firmas, con un índice de 0,20, muy por debajo de economías regionales comparables como Brasil o Uruguay, lo que limita la capacidad de renovación y crecimiento del tejido productivo (2)(3). De acuerdo a los datos del Sistema Previsional Argentino (SIPA), la cantidad de empresas se ha mantenido prácticamente invariable durante los últimos 30 años en alrededor de 500 mil firmas (4).

En este contexto de restricciones macroeconómicas, alta presión de costos y dificultades de acceso al financiamiento, la adopción de inteligencia artificial (IA) por parte de las PyMEs emerge como un cambio estructural de gran relevancia. Lejos de quedar rezagadas, las empresas de menor escala están incorporando estas tecnologías con rapidez.

Un estudio reciente realizado por la consultora Edelman para Microsoft (5) sobre transformación digital en Argentina muestra que seis de cada diez PyMEs utilizan algún tipo de IA en sus operaciones. El fenómeno es aún más marcado en el segmento de empresas medianas, donde la adopción frecuente alcanza el 96%, lo que indica que la IA dejó de ser una tecnología experimental para convertirse en una herramienta habitual de gestión. Las motivaciones son principalmente estratégicas: el 48 % de las PyMEs invierte en IA para aventajar a sus competidores, mientras que el 42% lo hace con el objetivo de mejorar su eficiencia y agilidad operativa; para innovar el 34% y para mejorar la experiencia del usuario el 31%. En promedio, las empresas destinan el 24% de su presupuesto tecnológico a soluciones basadas en inteligencia artificial.

Otro aspecto relevante de este estudio respecto a la adopción de esta tecnología, es que ya el 54% de las Pymes Argentinas está trabajando en desarrollar, o ya cuenta con, una estrategia formal de Inteligencia Artificial, el 64% incentiva a sus empleados a utilizarla y el 49% busca talentos con experiencia en IA.

En cuanto a los impactos económicos, estos son concretos. La adopción de agentes de IA y herramientas como la Recuperación Aumentada por Generación (RAG), son soluciones que permiten ordenar el conocimiento interno, preservar la memoria institucional y reducir errores operativos, mejorando de manera significativa la calidad de la toma de decisiones. Como resultado, según un estudio de Agentica IA (6) se estima que la integración de agentes de IA puede incrementar la productividad general en torno al 30%, mientras que la automatización inteligente permite reducir aproximadamente un 19% de los costos laborales, principalmente mediante la reasignación de tareas repetitivas hacia funciones de mayor valor agregado. Al mismo tiempo, el 73% de las empresas reporta mejoras en la satisfacción del cliente gracias a la atención continua y a la personalización de servicios habilitada por estas tecnologías.

Desde una perspectiva laboral, el impacto de la IA presenta un patrón más complejo y menos lineal que el que suele dominar el debate público. De acuerdo con el AI-Ar Index, el 54% del empleo formal privado en Argentina (7) —alrededor de 3 millones de puestos de trabajo— muestra algún grado de exposición a la inteligencia artificial .

Sin embargo, el dato central no es la exposición en sí, sino la naturaleza de su impacto. En el 71% de los casos predomina un efecto de complementariedad, donde la tecnología amplifica las capacidades del trabajador en lugar de sustituirlo. El riesgo de reemplazo completo se concentra en apenas el 22%, principalmente en tareas administrativas rutinarias y de bajo valor agregado.

Esta tendencia se refleja en la evolución reciente del mercado laboral. Entre noviembre de 2022 y diciembre de 2024, los empleos con alta exposición a la IA crecieron 7,06 puntos porcentuales más que aquellos con baja exposición, lo que sugiere una creciente demanda de perfiles capaces de interactuar con estas tecnologías.

La experiencia internacional refuerza esta lectura. Si bien grandes empresas tecnológicas han vinculado procesos de reestructuración y reducción de personal a la adopción de IA, los análisis recientes muestran que estos ajustes conviven con la creación de nuevos roles y con una reorganización del trabajo, más que con una destrucción neta de empleo.

El desafío, por lo tanto, no reside solamente en la tecnología en sí, sino en la capacidad del sistema productivo, educativo y normativo para acompañar el cambio. En Argentina, distintos relevamientos indican que el 96% de las empresas espera que la inteligencia artificial transforme de manera significativa sus operaciones en los próximos cinco años, lo que vuelve indispensable una estrategia de formación continua y reconversión laboral (8).

Cada vez son más los expertos o divulgadores que afirman,al menos en lo inmediato, que “La IA no va a quitarnos el trabajo, pero sí lo hará alguien que sepa utilizarla mejor”. Lo que representa un nuevo desafío: ¿cómo reducir la brecha de habilidades digitales, el desajuste entre las demandas de habilidades digitales de los empleos actuales y las capacidades de los trabajadores, para evitar que muchos queden fuera del sistema productivo?.

En este escenario, el futuro del trabajo dependerá en gran medida de una apuesta decidida por la alfabetización y la capacitación en inteligencia artificial, el desarrollo de micro-credenciales validadas por el sector productivo y el fortalecimiento de habilidades humanas clave —como la creatividad, el liderazgo y la resiliencia— que seguirán siendo insustituibles aun en entornos altamente automatizados. Esta agenda debe atravesar todos los niveles educativos, preparando a las nuevas generaciones y, al mismo tiempo, ofreciendo a los trabajadores actuales herramientas concretas para reinsertarse, reconvertirse y progresar en el mercado laboral.

En este punto resulta clave, fortalecer la interrelación entre universidades y empresas en la redefinición de las distintas rutas de aprendizaje para preparar a los jóvenes para los desafíos del futuro. Deberán surgir nuevas carreras, pero también habrá que actualizar de forma dinámica y cotidiana los planes de estudio de las carreras existentes, donde las denominadas habilidades blandas y la utilización de herramientas de IA deberán tener un lugar destacado y transversal a todas las carreras.

Desde Colossus Lab, entendemos que la inteligencia artificial actúa hoy como un gran nivelador competitivo para las PyMEs argentinas. Al reducir barreras de escala y costos de acceso, permite que empresas pequeñas y medianas incorporen capacidades tecnológicas de clase mundial, tradicionalmente reservadas a grandes organizaciones.

En este sentido, compartimos el optimismo expresado por Jensen Huang, CEO de Nvidia, durante su participación en Davos del World Economic Forum 2026, con respecto a los temores que despierta la automatización de tareas y su impacto sobre el trabajo humano. La Ia no eliminará el trabajo, sino que facilitará y acelerará la realización de tareas complejas y repetitivas, aumentando la productividad de cada trabajador, liberando parte de su tiempo para encarar nuevas tareas, generando más ganancias para la empresa, mejores sueldos para los trabajadores y una mayor demanda de otros empleos relacionados. 

Es importante diferenciar las tareas del propósito de un trabajo. Si por ejemplo, un empresario o trabajador Pyme, puede reducir el tiempo que le lleva realizar las tareas administrativas, podrá dedicar más tiempo a su propósito: desarrollar y vender sus productos – o prestar sus servicios- lo que a su vez debería incrementar ganancias. Si esto a su vez, lleva a que la empresa escale, generará nuevos puestos de trabajo para satisfacer la demanda.

Finalmente, creemos que este proceso debe ser acompañado por un entorno normativo actualizado y una política activa de capacitación, la IA puede convertirse en una herramienta clave para aumentar la productividad, generar empleo de mayor calidad y fortalecer el tejido empresarial, contribuyendo a un desarrollo económico más dinámico, inclusivo y sostenible.