El vino sin alcohol llegó para quedarse: una industria en crisis por nuevos hábitos
El mundo del vino, y no solo el del vino, se encuentra atravesado por un debate donde se colisionan la tradición, la esencia misma del vino, con los nuevos hábitos de consumo, vinculados a una vida más saludable. Primero fueron las cervezas, y ahora comienza a expandirse la moda de sacarle el alcohol a los vinos. Asoma, sin dudas, una pregunta casi existencial ante las exigencias de los consumidores más jóvenes: ¿Es el vino sin alcohol un vino o un simple jugo?
“En cuanto al vino sin alcohol, creo que llegó para quedarse en la medida que se utilicen procedimientos de desalcoholización que mantengan las características organolépticas del vino. Creo que es muy buena opción en un contexto donde uno quiere salir a tomar algo y los controles son estrictos (lo cual está perfecto), pero no me gustaría salir a cenar con agua, y el vino sin alcohol es una muy buena opción para poder disfrutar y poder manejar”, aseguró Mariana Cerutti, Directora de Vitivinicultura de la provincia de Río Negro.
9 millones
La industria del vino de Estados Unidos encargó un estudio, cuyos resultados preliminares se difundieron a comienzos de diciembre. El adelanto fue difundido por el Consejo del Mercado del Vino (WMC), y para elaborar el informe, se realizó una encuesta serial que comenzó en 1997 y culminó en el 2025.
La conclusión es que, en ese país, hay 9 millones menos de consumidores de vino, lo que representa una caída del 11,85% respecto a los indicadores del 2023. Todo a partir de nuevos hábitos, como reducir el consumo de azúcar y no padecer cambios en sus estados de ánimo. O sea, consecuencias indeseadas.

Es la salud el eje de los cambios de hábitos, aunque existen otras motivaciones. Según la encuesta, el año pasado, el 24 % de la generación Z o Centenials (nacidos entre 1997 y 2012), y el 21 % de los Millennials (1981 y 1996) cambiaron el tipo o la cantidad de alcohol que bebían para mejorar el estado de ánimo, el sueño o la energía. También cambiaron costumbres al beber, pero en menor proporción (un 11%), los integrantes de la generación X (1965-1980) y el 5 % de los Baby Boomers (+60 años).
La muestra de 2025 incluyó a casi 5000 adultos estadounidenses mayores de 21 años, con un balance de edad, ingresos, educación, género y etnia según el censo estadounidense.
“A pesar de ser el grupo más grande de consumidores de vino, los Millennials también representan un segmento significativo y creciente de quienes beben otras categorías de alcohol y son abstemios”, afirmó el director de investigación, Christian Miller.
Hay curiosidad
En las bodegas de la región aún no hay proyectos de realizar procesos de desalcoholización. Un dato a tener en cuenta es que el equipamiento necesario para realizar ese procedimiento cuesta entre 700.000 y 1.000.000 de dólares.
Un enólogo jefe de una de las bodegas más prestigiosas de la Patagonia Norte sería el primero en sondear como es el proceso, a partir de la visita a un establecimiento de Uruguay, donde al final del tratamiento, entrega al cliente, por un lado, el vino sin alcohol, y por el otro el alcohol puro.
Para Cerutti, por la caída del consumo global (Río Negro exporta buena parte de su producción), “el sector vitivinícola atraviesa una crisis preocupante, y considero que la salida es profesionalizar e invertir en la actividad enoturística. Vender el vino in situ, en cada bodega, no solamente da la posibilidad de acortar la cadena de comercialización y que el consumidor obtenga a precios más razonables, sino que es una buena experiencia para el consumidor, y ese encuentro permite fidelizar mejor a los clientes y que estos recomienden”.
Liz Thach, presidente del Consejo del Mercado del Vino, luego de reconocer que “la industria está experimentando simultáneamente una disminución en el consumo general de vino”, llegó a la conclusión de que a la industria le falta contar con una comunicación más clara sobre el sabor, el estilo y el contenido de la botella.
Thach considera que el sector bodeguero de su país debe enfocarse en esas preocupaciones, «porque muchos consumidores creen que el vino tiene un alto contenido de azúcar o aditivos innecesarios. Si queremos mantener el interés de estas generaciones más jóvenes, debemos brindar información precisa y aumentar la transparencia».
Humo
En las habituales cenas de fin de año, se comentó otro tema entre empresarios del Alto Valle, y es el avance del consumo de la marihuana en detrimento del consumo del vino.
Los primeros indicadores se difundieron a comienzos del año pasado. Y se hizo eco de esa tendencia el Alejandro Vigil, quien desde 2007 es Director de Enología de Catena Zapata, cofundador de Aleanna (El Enemigo), y desde 2022 preside Wines of Argentina. El 11 de febrero del 2025 posteó en la red X: “el volumen en la cerveza cayó fuerte. Es algo que se viene viendo a nivel mundial y la movida de grupos anti alcohol y migración a la marihuana”.
El diario Los Andes de Mendoza corroboró los dichos de Vigil mediante una publicación del diario New York Times, donde se advierte que “un nuevo estudio revela un cambio significativo en las preferencias de consumo de drogas en Estados Unidos: cada vez más personas están utilizando cannabis de manera regular, mientras que el consumo frecuente de alcohol se ha mantenido estable. Por primera vez en los registros, el cannabis ha superado al alcohol como la droga diaria preferida por los estadounidenses”.
La investigación da cuenta que “en 2022, 17,7 millones de personas reportaron usar cannabis todos los días o casi todos los días, comparado con 14,7 millones que informaron consumir alcohol con la misma frecuencia. Y aunque el consumo de alcohol sigue siendo más común que el de cannabis, el estudio encontró que el consumo frecuente de alcohol ha disminuido ligeramente en los últimos 15 años. En contraste, la proporción de personas en EE.UU. que usa cannabis frecuentemente ha aumentado quince veces desde 1992, año en que el uso diario de cannabis alcanzó su punto más bajo”.
Ambas sustancias, vinculadas la “relajación en casa”, para Cerutti implican experiencias diferentes, y por el momento no ve una amenaza para el vino por ese lado. “Es real que el consumidor sufrió un cambio de hábitos en el consumo, que bajó el consumo de tintos, pero al mismo tiempo subió el de blancos, rosados, espumantes y vinos con menor graduación alcohólica o sin alcohol”.

¡Salud!
Volviendo al estudio del Consejo del Mercado del Vino (WMC), más del 40 % de los consultados afirmó que el vino lo consumen en ocasiones especiales, en comparación con encuestas anteriores donde la relajación en casa era el principal motivo.
“Las cenas entre semana y las ocasiones para relajarse en casa han disminuido”, dijo Thach. “Necesitamos comunicar mejor que el vino se puede disfrutar con moderación en la vida cotidiana”.
Este hallazgo coincide con un estudio realizado en 2024 por WMC con adultos jóvenes. «Descubrimos que a los adultos jóvenes sí les gusta el vino; simplemente lo reservan principalmente para ocasiones especiales», añadió Thach.
Para el director de la encuesta, Christian Miller, “se trata más de un problema de bienestar que de salud”. Y aclaró que “para los bebedores más jóvenes, se trata de cómo les hace sentir el alcohol, más que de consejos médicos en sí. Solo el 12 % de los menores de 45 años había leído estudios sobre el impacto negativo del alcohol en la salud, mientras que el 22 % había modificado su consumo de alcohol para mejorar el estado de ánimo, el sueño o la energía, y muchos más estaban reduciendo el consumo de azúcar, aditivos y alimentos procesados».
Además, la atención de los estadounidenses a la salud y el bienestar fue evidente en la encuesta, ya que el 27% de todos los consumidores del estudio informaron haber cambiado su dieta para reducir el azúcar y el 20% dijo que redujo o evitó los aditivos o los alimentos/bebidas procesados.
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